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6 poemas de amor francés que te harán conocer la pasión

Viernes, 11 Noviembre 2016
Autor: Cultura colectiva
 
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Algo existe en la pronunciación de las palabras en francés que le añaden cierto sabor a las ideas a oídos extranjeros y, sin duda, algo en cuanto a la elegancia o el estilo es lo que atrae a mucha gente a estudiar o simplemente acercarse a escuchar unas cuantas palabras. Asimismo, dentro de la memoria colectiva de todos nosotros existe una cierta percepción de la pasión dentro del contexto cultural del país que atrae a amantes, artistas y creadores en general.

Distintos autores tienen estilos propios para definir el amor, la pasión o cualquier sentimiento que se relacione con una explosión del alma. Sin embargo, los poetas franceses parecen tener un cierto químico que no se encuentra tan fácilmente en cualquier otro escritor. La magia con la que parecen hablar, nos proporciona esa idea de la pasión, del amor inminente, del mundo entero que se abre en nuestras cabezas cuando tenemos un sentimiento que parece no tener una palabra para definirse.

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Poetas como el preciso Baudelaire, el adolescente Rimbaud o el genio de Verlaine, son sólo algunos que nos han hecho sentir formas extrañas en nuestro sistema. La mezcla de su lenguaje, con las formas de su poesía, aunadas a su propia experiencia, llevaron la poesía a un plano casi celestial. De igual forma, Victor Hugo, Apollinaire o Cocteau no se quedan atrás. La poesía es una forma de expresar ideas y sentimientos sin presentarlos en toda su forma hacia el lector. Las palabras suelen ser un medio para una idea y aunque la narrativa parezca darnos más, la poesía parece estar desnuda ante nuestros ojos. No sólo por su parte, lentamente desnuda nuestra alma mientras entra a nuestros ojos y a veces nos muestra lados de nosotros que no conocíamos.

Los poetas franceses parecen tener algo de todos nosotros o nosotros de ellos. Por eso siguen resonando entre nuestros oídos después de tanto tiempo. Por eso y más compartimos estos poemas, para no olvidar que, en cualquier sentimiento, la pasión puede ser inminente.

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“Un amigo duerme” – Jean Cocteau (1889-1963)

“Tus manos por las sábanas eran mis hojas muertas. Mi otoño era un amor por tu verano.
El viento del recuerdo resonaba en las puertas de lugares que nunca visitáramos.
Permití la mentira de tu sueño egoísta allá donde tus pasos borra el sueño. Crees estar donde estás.
Qué triste nos resulta estar donde no estamos, así siempre.
Tú vivías hundido dentro de otro tú mismo, abstraído a tal punto de tu cuerpo que eras como de piedra.
Duro para el que ama es tener un retrato solamente.
Inmóvil, desvelado, yo visitaba estancias a las que nunca ya retornaremos.
Corría como un loco sin remover los miembros: el mentón apoyado sobre el puño.
Y, cuando regresaba de esa carrera inerte, te encontraba aburrido, con los ojos cerrados,
con tu aliento y con tu enorme mano abiertos, y tu boca rebosante de noche…”.



“Si pudiéramos ir” – Victor Hugo (1802 – 1885)

“Él decía a su amada: Si pudiéramos ir
los dos juntos, el alma rebosante de fe,
con fulgores extraños en el fiel corazón,
ebrios de éxtasis dulces y de melancolía,
hasta hacer que se rompan los mil nudos con que ata
la ciudad nuestra vida; si nos fuera posible
salir de este París triste y loco, huiríamos;
no se adónde, a cualquier ignorado lugar,
lejos de vanos ruidos, de los odios y envidias,
a buscar un rincón donde crece la hierba,
donde hay árboles y hay una casa chiquita
con sus flores y un poco de silencio, y también
soledad, y en la altura cielo azul y la música
de algún pájaro que se ha posado en las tejas,
y un alivio de sombra… ¿Crees que acaso podemos
tener necesidad de otra cosa en el mundo?”.



“Cuarto poema secreto a Madelaine” – Guillaume Apollinaire (1880 -1918)

“Mi boca tendrá ardores de averno, 
mi boca será para ti un infierno de dulzura, 
los ángeles de mi boca reinarán en tu corazón, 
mi boca será crucificada 
y tu boca será el madero horizontal de la cruz, 
pero qué boca será el madero vertical de esta cruz. 
Oh, boca vertical de mi amor, 
los soldados de mi boca tomarán al asalto tus entrañas, 
los sacerdotes de mi boca incensarán tu belleza en su templo, 
tu cuerpo se agitará como una región durante un terremoto, 
tus ojos entonces se cargarán 
de todo el amor que se ha reunido 
en las miradas de toda la humanidad desde que existe. 

Amor mío 
mi boca será un ejército contra ti, 
un ejército lleno de desatinos, 
que cambia lo mismo que un mago 
sabe cambiar sus metamorfosis, 
pues mi boca se dirige también a tu oído 
y ante todo mi boca te dirá amor, 
desde lejos te lo murmura 
y mil jerarquías angélicas 
que te preparan una paradisíaca dulzura en él se agitan, 
y mi boca es también la Orden que te convierte en mi esclava, 
y me da tu boca Madeleine, 
tu boca que beso Madeleine”.

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“La brisa” – Arthur Rimbaud (1854 -1891)

“En su retiro de algodón,
con suave aliento, duerme el aura:
en su nido de seda y lana,
el aura de alegre mentón

Cuando el aura levanta su ala,
en su retiro de algodón
y corre do la flor lo llama
su aliento es un fruto en sazón.


¡Oh, el aura quintaesenciada!
¡Oh, quinta esencia del amor!
¡Por el rocío enjugada,
qué bien me huele en el albor!


Jesús, José, Jesús, María.
Es como el ala de un halcón
que invade, duerme y apacigua
al que se duerme en oración”.

“Mi sueño” – Paul Verlaine (1884 – 1896)

“Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
de una mujer ignota que adoro y que me adora,
que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
y que las huellas sigue de mi existencia errante.


Se vuelve transparente mi corazón sangrante
para ella, que comprende lo que mi mente añora;
ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
y lo perdona todo con su sonrisa amante.


¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro,
el de virgen de aquellas que adorando murieron.

Como el de las estatuas es su mirar de suave
y tienen los acordes de su voz, lenta y grave,
un eco de las voces queridas que se fueron…”.


“Cielo neblinoso” – Charles Baudelaire (1821 – 1867)

“Se diría cubierta de vapor tu mirada;
Tu mirar misterioso (¿es azul, gris o verde?)
Alternativamente tierno, cruel, soñador,
Refleja la indolencia y palidez del cielo.


Recuerdas los días blancos, y tibios y velados,
Que a las cautivas almas hacen fundirse en lágrimas,
Cuando, presa de un mal confuso que los tensa,
Los excitados nervios se burlan del dormido.


A veces te asemejas a esos bellos paisajes
Que iluminan los soles de estaciones brumosas…
¡Y cómo resplandeces, oh mojado paisaje
Que atraviesan los rayos entre un cendal de niebla!


¡Oh mujer peligrosa, oh seductores climas!
¿Acabaré adorando vuestras nieves y escarchas,
Y, al cabo, arrancaré del implacable invierno
Placeres más agudos que el hielo y que la espada?”.

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El amor en ojos de estos autores parece ser un sentimiento ajeno a este mundo. Aunque la lírica no se traduce en todos los sentidos al leerlo en español, algo existe en las palabras y en las mezclas de éstas que nos estremecen el corazón, alma y mente. Estos clásicos poetas existen en nuestra vida, siendo leídos o no, pues como seres humanos compartimos ciertas partes del alma que, al encontrarlas en otro individuo, las reconocemos y portamos con mayor orgullo. Si eres un lector ávido de poesía, debes conocer las etapas del amor en la poesía. También, si quieres saber sobre las posibilidades de este tipo de literatura, conoce al artista que hizo de la poesía un experimento con la psicodelia. O también te recomendamos leer 5 consejos para leer la poesía de José Emilio Pacheco.