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París Para uno y otras historias

Nell tiene veintiséis años y nunca ha estado en París. Ni siquiera ha pasado nunca un fin de semana romántico en ninguna parte. Viajar al extranjero no es realmente lo suyo. Pero cuando su novio no se presenta a su miniescapada, Nell tendrá la oportunidad de demostrar a todos -incluso a sí misma- que se equivocan. Sola en París, descubre una versión de su personalidad que ni siquiera sabía que existía: independiente e intrépida. ¿Se convertirá este fin de semana en la mayor aventura de su vida?

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Noticias Crisol

Por qué la poesía no está hecha para almas sensibles, según Charles Bukowski

Cuando Dan Humphrey estaba dando el paso de ser un escritor ignoto a uno publicado (lo que significa que dejaba sus manuscritos a merced de un crítico experto), lleno de esperanza y sentado frente a su mentor, éste le dijo: "Me has enviado cinco cuentos malos que hablan de lo mismo, sal de tu zona de confort, haz algo peligroso"; a lo que Humphrey responde: "No sé cómo"; y el mentor, con los labios llenos de experiencia, contesta: "Cuando era joven Bukowski puso un vaso en mi cabeza y le disparó con un arma, encuentra a tu Bukowski".

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LA RUTINA DE TRABAJO DE CHARLES DICKENS

Lunes, 29 Agosto 2016
Autor: Libropatas
 
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Dickens seguía una rutina de trabajo muy estricta. Tenía un horario de trabajo que repartía lo que hacía a lo largo de ciertas horas y no permitía que nada lo distrajese de su trabajo (y, teniendo en cuenta que tuvo muchos hijos, una no puede dejar de pensar en lo que Catherine Dickens, su esposa, tuvo que hacer para conseguirlo).

Cada día, Charles Dickens trabajaba entre el desayuno y la hora de la comida. Según los testimonios de sus amigos, que en el propio museo entrecomillan para explicar cómo era Dickens a la hora de trabajar, el escritor era muy metódico y había establecido unas reglas de trabajo de las que rara vez se separaba.

Tras comer, Dickens pasaba algo de tiempo en su club (como bien saben los lectores de novelas históricas, los caballeros británicos tenían sus clubs en los que pasaban horas). También podía dedicar tiempo a sus actividades de beneficencia o salir a dar un largo paseo. Aunque, a tenor de lo que cuentan, los paseos de Dickens eran trabajo: durante ellos buscaba inspiración para sus historias, fijándose en el entorno o en las personas que se cruzaban con él en su camino.

A todo esto, hay que sumar que Dickens tenía ciertas rarezas a la hora de trabajar. Le encantaba visitar morgues y era un fanático del orden, lo que hacía que las cosas en su despacho tuviesen que estar colocadas de cierta manera para que él pudiese trabajar tranquilo.