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Nikki Maxwell tiene la peor suerte del mundo. De entre todas las escuelas que le podrían haber tocado para la Semana de Intercambio de Alumnos, ha ido a parar a North Hampton Hills, el nuevo instituto de su archienemiga,MacKenzie Hollister.

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47 libros que debes tener para decir que sabes de literatura

Muchos años después, frente a las obras de su vida, el artista John Baldessari habría de recordar el día en que tomó esa decisión. Había llegado a la conclusión de que para reinventarse tenía que morir, aunque fuera de manera simbólica. Por eso tomó un encendedor y quemó todas las obras que había producido hasta ese momento (y que él tenía) y las vio arder hasta que quedaron reducidas a cenizas. Todo lo que él era y representaba estaba ahí, reducido a casi nada. 

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Los momentos más tristes de la literatura

Autor: Cultura colectiva
 
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Una tarde triste, de esas que no puedes recordar con claridad ni explicar muy bien, terminé el libro de Alessandro Baricco: “Novecento”. Éste es más bien un monólogo teatral publicado en 1994 (siempre me ha gustado la forma que los diálogos y las anotaciones entre descripciones me vuelven parte de una historia). Casi en medio de la obra, justo cuando dejé un vaso con agua sobre la mesita de la sala, leí las líneas más estremecedoras de toda mi corta vida como lectora. Danny Boodman es el único personaje que me ha hecho tirar algunas lágrimas, no sin antes dejarme petrificada y con la respiración lenta. 

En esta historia Boodman es abandonado siendo un recién nacido en el trasatlántico Virginian. Dentro de este barco un marinero lo adopta, pero al cumplir ocho años este hombre muere debido a una herida causada por un accidente. La muerte de su padre adoptivo marca la vida de Boodman, quien desaparece por días dentro del barco. Cuando el protagonista aparece todos descubren que el pequeño ha aprendido a tocar el piano, desde ese momento él se dedica a complacer a los viajeros y la tripulación con su hermosa música. Conforme pasa el tiempo, tanto él como los otros cuestionan su casi eterna estadía en el trasatlántico. Un día se le presenta una oportunidad única de bajar los escalones del barco para conocer la inmensidad que lo rodea: el mundo. Boodman intenta que sus pies toquen la tierra, pero justo en el último escalón él retrocede.

“La tierra es un barco demasiado grande para mí. Es un viaje demasiado largo. Es una mujer demasiado hermosa. Es un perfume demasiado intenso. Es una música que no sé tocar. Perdonadme. Pero no voy a bajar. Dejadme volver atrás”.

Para este hombre no había cuestionamiento más grande que el que se hacía para resolver su inexistente vida. Muy dentro de él habitaba la esperanza de enamorarse, deleitarse por otro paisaje que no fuera el del azul del mar, sentir algo más que la música en las teclas bajo sus dedos o encontrarse con algo distinto a un grupo de gente que sube y baja de la misma madera. 


Cuando mis ojos recorrieron las vocales en “La tierra es un barco demasiado grande para mí“, mi corazón se cristalizó y después se quebró en polvo. Toda mi vida había tenido miedo de ser la única que nunca lograr nada, me aterraba ser gris, demasiado sigilosa, digna de complacer a alguien más, pero jamás de ser complacida. Deseaba tener la oportunidad de comenzar a crear y no sólo soñar, de poder tener en lugar de imaginar; quería vivir no sólo respirar. ¿Por qué no lo hacía? Por miedo, temor de mí misma y lo mucho que pudiera fracasar, pero Baricco tiene razón: la tierra es inmensa, la vida larga, el amor es hermoso y en la intensidad de lo desconocido se encuentra la felicidad más real.

“Novecento” me ardió en la garganta, pues la había callado durante años por miedo a expresarme con sinceridad. Esta obra me heló la sangre y esa frase, con la que Boodman acepta una especie de derrota de la forma más sublime posible, me hizo reconsiderar el tiempo que había perdido después de haber dado tantos pasos hacia atrás. Uno de los momentos más tristes de la literatura fue el que también me despertó entre sollozos, los pies fríos y las páginas con las marcas de mis dedos por lo fuerte que apreté el libro, mis ojos se inundaron mientras leía sobre una vida que sólo fue vivida a través de los demás.

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El último respiro de Racamadour, un bebé que perece debido a una enfermedad irremediable. Este evento marca la vida de “La Maga”, otro de los personajes de este capitulo, quien se había dedicado a cuidar del pequeño con la esperanza de salvarlo de la muerte.

“Rayuela” Julio Cortazar

“–Y además, estaba Rocamadour– dijo la Maga.
Así fue como Oliveira se enteró de la existencia de Rocamadour, que en Montevideo se llamaba modestamente Carlos Francisco. La Maga no parecía dispuesta a proporcionar demasiados detalles sobre el génesis de Rocamadour, aparte de que se había negado a un aborto y ahora empezaba a lamentarlo”.

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Cuando Laura Avellanada expresa la tristeza que siente al no poder amar y ser amada por Martín Santomé. Sin ser muy clara ella habla de su relación con Santomé como parte del pasado, pues Laura ahora está mucho más cerca de la muerte que de él.

“La tregua” Mario Benedetti

“Usted, Martín Santomé no sabe cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
pero no voy a convocarlo junto a mí ya que aún en el caso de que no estuviera todavía muriéndome entonces moriría sólo de aproximarme a su tristeza”.

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El momento en el que Esther, una joven con un talento insospechado para la literatura, pierde todo lo que la motivaba e intenta suicidarse debido a que nadie apoya su idea de escribir un libro. Su madre sólo piensa en conseguirle marido y su mejor amiga sí tiene éxito al suicidarse, eventos que marcan a Esther de por vida.

“La campana de cristal” Sylvia Plath

“Tenía que estar pasándomelo en grande, tenía que estar ilusionada como las otras chicas, pero no conseguía reaccionar. Me sentía quieta y vacía como el ojo de un tornado, moviéndome sin ninguna fuerza”.

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Las palabras que Elizabeth Bennet le expresa a Darcy para decirle que su corazón jamás podría amar a alguien como él, a pesar de que ella ya siente algo real y profundo por él.

“Orgullo y prejuicio” Jane Austen

“Usted no puede hacerme feliz y yo tengo la certeza de que soy la última mujer en el mundo que podría hacerle feliz”.


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Alex y su abuelo viajan juntos a Ucrania, durante todo el recorrido lo único que Alex escucha son insultos hacia los nazis por parte de su abuelo. Al final del viaje y justo cuando ellos tienen un encuentro con una mujer que durante la guerra nazi le salvó la vida a aquel hombre, él confiesa ser un judío que tuvo que fingir toda su vida para no ser atrapado. Justo un día después de haberle contado la verdad a su nieto él decide suicidarse agotado de haber aparentado ser algo que no.

“Todo está iluminado”  Jonathan Safran Foer

“Me subo cada día al autobús durante una hora y paso el día haciendo cosas que odio. ¿Quieres saber por qué? Pues por ti (…). Un día tú harás cosas que odies por mí. Eso es lo que significa ser una familia”.

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La descripción de un perro desafortunado, rechazado por todos y apedreado constantemente debido a su sarna. Misma que parece ser la única razón de que un guardia de seguridad le disparara a sangre fría; boca arriba lanzó un último aullido agudo, el cual llamó la atención de Platero.

“Platero y yo”  Juan Ramón Jiménez

“Venía, a veces, flaco y anhelante, a la casa del huerto. El pobre andaba siempre huido, acostumbrado a los gritos y a las pedradas. Los mismos perros le enseñaban los colmillos. Y se iba otra vez, en el sol del mediodía, lento y triste, monte abajo”.

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Cuando la duquesa cuestiona a Don Quijote sobre la existencia de su amada Dulcinea. Con la intención de burlarse de él y hacerle entender que una de sus mayores motivaciones es parte de su gran locura.

“Don Quijote de la Mancha” – Miguel de Cervantes

“Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y éstas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo”.

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La tarde en que Jane regresa a Thornfield para reunirse con al amor de su vida, el señor Rochester, quien perdió la vista y una de sus manos en un incendio. Cuando se encuentran Jane se arrepienta de haberse ido, pues se culpa por el accidente de su amado.

“La vida es demasiado corta para perderla en odios infantiles y en recuerdos de agravios”.

“Jane Eyre”  Charlotte Brontë

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La tristeza también puede ser una gran inspiración. Lee algunos poemas de amor que te deprimirán hasta llorar y después conoce los libros que te cambiarán la vida sin importar cuando los leas.

 

Fuente:http://culturacolectiva.com/los-momentos-mas-tristes-de-la-literatura/