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ESPECIAL
Biografía |
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| Por Ramón Rivera |
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Gabriel García Márquez nació el 6 de marzo de 1928, en Aracataca, un pueblo de la costa atlántica colombiana. Fue el hijo mayor de doce hermanos.
Sus padres, Gabriel Eligio y Luisa Santiago, debieron vencer múltiples dificultades para unirse en matrimonio. Y es que sus padres, el coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, no veían con buenos ojos los amores de su hija con un inmigrante que había llegaron a Aracataca con la "fiebre del banano", a inicios del siglo XX.
Tras su matrimonio, por ello, se alejaron de la familia y se mudaron a Riohacha sin el pequeño Gabriel. Él se quedaría con sus abuelos durante sus primeros ocho años de vida, un periodo que dejaría en su imaginario recuerdos tan imborrables que se convirtieron en los insumos con que, luego, nutrió todas sus obras.
A la muerte de su abuelo, sin embargo, se unió a sus padres en Sucre, pero por poco tiempo. Porque en 1936, fue enviado por ellos a estudiar su bachillerato primero en Barranquilla y después en Zipaquirá. Esos años de soledad, reclusión y lectura fueron decisivos para su futura vocación de escritor.
Ya joven, en 1947 se instala en Bogotá decidido a estudiar Derecho. Pero seducido ya por el periodismo y "aburrido a morir" con sus clases de Derecho, abandona la carrera. Publica entonces sus primeros artículos en el El Espectador.
Ya convencido de su vocación, se muda a Barranquilla y empieza a trabajar como columnista en El Heraldo. Es en esta época, fundamental para su vida venidera, que empieza a escribir su primera novela, La hojarasca. Se integra también al llamado "Grupo de Barranquilla", colectivo en que descubrirá a quienes más tarde se convertirán en sus modelos literarios: Kafka, Joyce y, muy especialmente, Faulkner, Virginia Woolf, y Hemingway.
Su estancia barranquillera se prolonga hasta 1954, año en que regresa a Bogotá. Allí ingresa a trabajar como reportero y crítico de cine en El Espectador y profundiza sus lazos con el periodismo y la literatura, lo que se traduce en publicación de Relato de un náufrago(1955), una historia que contó en entregas diarias y que catapultó las ventas del matutino a niveles récord.
El reconocimiento que ese hecho le dio como periodista y escritor talentoso, le valió para ser destacado como corresponsal de "El Espectador" en Europa, continente en el que vivió por más de tres años y en donde recibió la noticia de que su diario había sido clausurado, por lo que él debía regresar.
No lo hace. Por el contrario, decide quedarse en París y dedicarse a la literatura. Empieza entonces la elaboración de La mala hora a partir de un episodio que se desprendió de otra de las obras que ya había escrito para entonces: El coronel no tiene quien le escriba (1958).
Pronto, sin embargo, opta por poner fin a su exilio europeo y regresar a América, lo que hace en 1958 tras una estancia de dos meses en Londres. A su regreso se instala primero en Venezuela, país en que empieza a hacer realidad uno de sus más anhelados proyectos literarios: la escritura de ?El otoño del patriarca? (publicada, sin embargo, en 1975).
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Espacial sobre Julio Ramón Ribeyro
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