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En los primeros días de setiembre, presentaré El círculo Blum (Borrador Editores, 2007) de Lucho Zúñiga, a quien tuve el gusto de conocer en la 12ª Feria Internacional del Libro (FIL) de Lima. Al cruzar algunas palabras con él, me asaltó una duda que hace mucho tiempo no experimentaba al conocer a un escritor: ¿cómo una persona tan normal puede urdir (proyectar, para ser más preciso) una historia particularmente descabellada como la planteada en El círculo Blum?
Cuando recibí la invitación de participar en esta columna, me encontraba (acaso para responder la interrogante) en la relectura de El círculo Blum, un libro que evidencia una infalible fórmula: la perfecta combinación de inteligencia y humor, en un plan narrativo de largo aliento que escapa de sus páginas. En efecto, estamos ante un proyecto literario muy ambicioso, en el que El círculo Blum es apenas la punta del iceberg, la epidermis de un corpus complejo y que promete una existencia ficcional realmente intensa. Por tanto, revisar la novela me permite confirmar ciertos indicios que sólo preví en mi primera y apurada lectura, efectuada hacia finales de junio.
Cualquier persona que ha llevado el curso Geometría sabrá que el círculo como figura tiene la muy ganada fama de ser la metáfora de la perfección –algo así como el número siete para los cabalistas y apostadores empedernidos–, pero en el plano de las dos dimensiones. En un sentido metafórico, la novela de Zúñiga alude tanto a la historia circular –en cuanto reinvención de la realidad desde la perspectiva del revivir o reescribir cíclico– como a la factura que anhela la perfección.
Como suele ser una primera entrega, El círculo Blum presenta imperfecciones gramaticales y narrativas, pero éstas no desmerecen el conjunto. Es más, éstas se dejan de lado ante la ejecución de una cerebral estrategia narrativa: en esencia, una novela sobre la representación (como homenaje a la máscara, artificio estético y místico que permite asumir otras personalidades y construir personajes), que recurre al cuento para asegurar y afirmar el Leitmotiv, es decir, una estructura que no es novedosa –entre muchos casos, tenemos el ejemplo clásico de El Quijote, así como un libro relativamente reciente: El lobo estepario de Herman Hesse, y por estos lares: La disciplina de la vanidad de Iván Thays–, pero que funciona con naturalidad por su eficaz ejecución al plantear los hechos, no obstante la forzada verosimilitud de éstos.
El manejo de la intriga es quizás el mayor logro de Zúñiga… y también el sembrar en el lector el bicho de la duda, que es una manera indirecta de decir que su prosa atrapa, entretiene y alimenta. Resulta inevitable hurgar en Internet para comprobar cierta información y algunas de sus aseveraciones, y constatar con ello, por ejemplo, que la 365-novela blog (http://365novela.blogspot.com) no es una pista falsa, una patraña de Zúñiga, sino, por el contrario, un texto electrónico que existe y que sería una próxima publicación en papel. Pero ésta es otra historia.
Por el momento, estamos ante una novela que nos mantiene en la ilusión borgiana de presenciar una trama irónica, laberíntica y lúdica, además de fabulosa en su doble acepción… un círculo que se cierra en nuestras propias fantasías de lector o, para mayor vértigo, en la perversa imaginación de un actor-personaje extraviado, quizás una presencia errática que busca obcecadamente, en sus circunvalaciones, su secreto centro.
JOSÉ DONAYRE HOEFKEN (Lima, 1966). Estudió Literatura y Lingüística en la PUCP. Es autor de las novelas La fabulosa máquina del sueño (Mercado Consultora y Publicaciones, Lima, 1999) y La trama de las Moiras (Fondo Editorial de la PUCP, Lima, 2003), el libro de cuentos Entre dos eclipses (edición del autor, Lima, 2001, 2007), y la colección de ficciones breves Horno de reverbero (Mundo Ajeno, Lima, 2007). Ha participado en diversas antologías de narrativa y poesía. Obtuvo el segundo puesto en la categoría Cuento en los Juegos Florales de la PUCP (1988) y una mención honrosa en el Concurso de Cuento de las 1,000 Palabras de Caretas en 1989. Ha sido editor de revistas de turismo y cultura peruana, y colaborador en diarios y publicaciones periódicas. Actualmente maneja varios blogs, entre ellos Esta boca es mía. Además, ejerce la docencia, organiza actividades culturales y es coordinador de publicaciones del sello Ediciones Copé de Petroperú.
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