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| "La desmemoria ha sido una de nuestras desdichas" |
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William Ospina, el reconocido poeta, ensayista y novelista colombiano autor de Ursúa, la novela sobre la vida del conquistador español Pedro de Ursúa que ha recibido el reconocimiento unánime de la crítica y el público, incluido el elogio entusiasta de Gabriel García Márquez, habló con Crisol.
¿Su primera visita al Perú?
Es mi primera vez en el Perú. Llevo más de un día y me siento muy bien.
¿Habrá notado que somos parecidos en muchas cosas?
Sí, hay muchas cosas en las que es agradable reconocerse y hay otras en las que es agradable no reconocerse, ver algo distinto, algo nuevo.
Su literatura es un redescubrimiento de esa veta, no muy explotada en la literatura de América Latina, que es abordaje de temas históricos desde la literatura. ¿Por qué su decisión de hacerlo?
Porque siento que estamos necesitando mucha memoria en nuestro continente. Creo que es muy difícil enfrentar el futuro si no se mira el pasado con lucidez y sin pasión. Además, pienso que necesario mirar el pasado para reconciliarnos con él. Y no en el sentido de aceptar todo lo que ocurrió, sino de valorarlo, de ponderarlo, de juzgarlo, para saber qué cosas no queremos que se repitan. Y de saber que esos hechos que ocurrieron, incluso los más atroces, son ya irrenunciables, que forman parte de nuestro ser, de nuestra fisonomía y de todo lo que hay que cambiar sólo lo podemos cambiar en el futuro.
¿Y lo estamos logrando? ¿Estamos aprendiendo en América Latina de lo que hemos vivido o seguimos siendo un pueblo que olvida muy rápido?
Creo que es todavía mucho lo que tenemos que aprender y lo que tenemos que recordar. Creo que nuestra persistencia en la desmemoria ha sido una de nuestras desdichas y tal vez allí tenga un papel que jugar la literatura. Porque Europa aprendió que hay que mantener viva la memoria y allí la literatura ha cumplido su papel, porque ella ha narrado, ha reelaborado, ha reconstruido los hechos históricos desde muchas perspectivas.
¿No es ese el papel de los historiadores y la historia?
Es que el común de los lectores no suele leer los libros de los historiadores. Tengo un amigo que dice que los historiadores escriben libros para que los escritores los lean y se los cuenten a la gente. Entonces, creo que la literatura también tiene esa tarea: la de preservar, la de reconstruir la memoria con la ayuda de los datos históricos, por supuesto, pero también con la ayuda de la imaginación. En cuanto los historiadores no se sienten muy autorizados a usar la imaginación, el literato puede llenar de detalles y de circunstancias una historia que solo esta llena solo de datos escuetos y rígidos. Y mantener viva la memoria es también mantener viva la experiencia, saber que hay ciertas cosas ocurrieron y que no deberían volver a ocurrir, estar alertas cuando ciertos hechos atroces amenazan con repetirse. Por eso creo yo que la literatura, en otras cosas, puede también cumplir un papel de formación de ciudadanos y de formación de comunidades unidas por una memoria común.
El papel que ha jugado usted dentro de la sociedad colombiana ha sido crucial por el ímpetu y la pasión que ha puesto en la tarea de llamar a los ciudadanos a la acción para cambiar lo existente en la sociedad, cosa que comúnmente no se ve en nuestros países. ¿Se siente dentro de la franja de los literatos llamados "comprometidos"?
Yo me formé con una generación para la cual los temas públicos eran temas muy importantes en la agenda del escritor, por lo que creo que un escritor tiene el deber de opinar, de participar, de sentirse un ciudadano. Creo, por eso, que la posibilidad de participar y de opinar es no sólo un derecho sino un deber. Y más aún si somos concientes que vivimos en un continente en el que mucha gente no tiene acceso a los libros y a la información, por lo que quienes tienen acceso ellos, además de la capacidad de influir en la comunidad, no pueden desperdiciar ese privilegio.
¿Cual fue el proceso de elaboración de Ursúa, su primera novela? He leído que fue el resultado de un arduo trabajo de recopilación de información y de escritura que le ha ocupado 10 años.
Me fui aproximando gradualmente al tema de la conquista. Sentía esa tentación ya desde cuando escribí un libro de poemas que se llama El país del viento, en el que hay un poema que se titula Lope de Aguirre. Desde entonces, ya ese clima épico de la conquista me llamaba. Pero después me encontré con la obra de un gran escritor de la conquista, poco conocido, que se llama Juan de Castellanos. Él fue el gran cronista del Caribe, de Venezuela, de Colombia, Puerto Rico, República Dominica, de Haití, y de los primeros avances por el amazonas, y que escribió no sólo una crónica muy extensa sino en verso, en octavas reales, que es el poema más extenso de la literatura castellana, La elegías de barones ilustres de Indias. Fue al acercarme a este poeta-cronista que empecé a sentir cada vez el deseo de escribir sobre la conquista, al punto que escribí un libro sobre Juan de Castellanos, Auroras de sangre, que es un ensayo para valorar su poesía y para tratar de reconstruir su vida. Y mientras lo escribía me dije: la próxima que vuelva a escribir sobre este tema, ya no será un ensayo sino una novela, porque quiero contar esta historia, quiero vivir esta historia, quiero que el lenguaje me permita aproximarme lo más que pueda a lo que pasó en el siglo XVI y a lo que pasó en el siglo XVII. Entonces, me iba sintiendo cada vez más atraído por la narración y por el tema, así que fue casi natural que eso desembocara finalmente en una novela.
Pero no tenía definida aún la historia que quería contar
Solo necesitaba saber exactamente cuál era el tema preciso sobre el quería hablar y el Amazonas fue mi gran inspiración desde el comienzo. La trilogía que he vengo escribiendo, por ello, trata fundamentalmente de cómo fueron los dos primeros viajes de los conquistadoras al Amazonas: el de Orellana, en 1541 y el Pedro de Ursúa, 20 años después, y las diferencias entre el primero, que fue un viaje de descubrimiento, y el segundo, que fue de conquista y en el que se puso a prueba ese choque tan violento, que sigue vivo, entre la naturaleza americana y el espíritu occidental, que todo quiere dominarlo y que todo quiere transformarlo.
¿Por qué abordo esa historia desde la perspectiva de un personaje como Pedro de Ursúa?
Porque Ursúa reúne una serie de características que son muy llamativas para la literatura. A la historia le gustan los triunfadores; a la literatura suelen gustarle más los perdedores. A la historia le gustan los rostros monolíticos, las cosas definidas, que no dejan a dudas. Para la literatura, en cambio, son muy importantes la ambigüedad, la incertidumbre, los matices. Y me parece que Ursúa condensa bien un rostro de la conquista que no es el de los paladines de la civilización, que son crueles, bárbaros, salvajes, pero que no es tampoco un monstruo de abominaciones sino un ser humano que vivió lleno de conflictos, de contradicciones, y que estuvo muy marcado por el espíritu de su época. Pero. Además, decidí contar su historia porque ella está llena de cosas admirables, que son las cosas admirables de la conquista española: el heroísmo, la abnegación, la capacidad de asumir desafíos sobrehumanos, la locura de algo quijotesco. Porque los conquistadores fueron el largo boceto, trazado a largo de un siglo, de lo que luego llegaría a ser el Quijote.
¿Cuál es la obra que sigue en la trilogía?
Estoy trabajando ahora en El país de la canela, que es la segunda parte de la saga. Y estoy seguro que para eso me va a inspirar mucho este viaje al Perú. Porque esa novela empieza con una descripción de lo que fue la ciudad del Cusco en su esplendor, a la llegada de los europeos, y narra la historia del descenso que ellos emprendieron desde las cumbres del Cusco hasta la desembocadura del Amazonas. En ella se siguen los rastros de la expedición de Gonzalo Pizarro, a quien le habían dicho que más allá de los montes nevados de Cusco había un país de caneleros, por lo que invirtió buena parte de las riquezas de su saqueo del Cusco para armar una expedición delirante: 140 españoles a caballo, 100 a pie, 4,000 indios que les cargaban los fardos, 2,000 llamas cargadas de herramientas y armas, 2,000 perros de presa y 2,000 cerdos. Esa fue la muchedumbre que remontó la cordillera y que bajó a buscar el país de la canela, y lo que se encontraron fue con la selva amazónica. Para esta segunda novela utilizo al mismo narrador de la primera, quien cuenta cómo vivió en su juventud la aventura de descubrir el Amazonas. Y la tercera novela, que se llamará La serpiente sin ojos, cuenta la parte final de la aventura de Ursúa, cuando se va, otra vez saliendo de aquí de Lima, a la conquista del Amazonas y cómo muere finalmente a manos de Lope de Aguirre.
¿Tiene planeado viajar al Cusco para eso?
Voy a ir a Cusco y a Machu Picchu para entrar en contacto con ese mundo que no sólo es fantástico, sino sagrado.
Finalmente, ¿qué representan para usted los elogios que ha recibido Ursúa por parte de un escritor como Gabriel García Márquez?
Para mi es un estímulo que un ser tan querido por mi y tan admirado como escritor, como García Márquez, haya disfrutado de esta novela y la haya recomendado. Aunque por supuesto que, con ese reconocimiento o sin él, siento el deber y la necesidad de escribir cosas como este libro. Siempre he pensado que los libros sólo deben escribirse si uno siente la necesidad imperiosa de hacerlo, si no puedes resistir a la tentación o, como decía alguien, si uno no puede quitarse el libro de la cabeza. Yo escribí Ursúa por eso: porque llevo casi 10 años con esta historia en la cabeza y, por fortuna, he disfrutado mucho haciéndolo.
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